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LA SEÑORA DE ANBOTO

La Señora de Anboto indica, en  Supelegor, cómo  echar a andar la
rueda de la ferrería de Olarte.

    Hicieron una ferrería en Olarte, debajo de Urigoiti. Hasta entonces, no había ni fábricas ni nada. Y como allí había mineral para hacer hierro o algo así, construyeron una ferrería.
En el lugar de la ferrería, colocaron una rueda descomunal, de madera, para hacer funcionar aquella.
Pero, cuando quisieron comenzar a trabajar y  echar a andar la rueda, no pudieron. Y alguien les dijo:

-  Si  queréis echar a andar esa rueda, por si acaso, deberíais ir  a hacerle una consulta a la Señora de Anboto.

Y como el dueño, seguramente un gran propietario, tenía miedo, envió un arrendatario.
Éste fue a la cueva de Supelegor, a donde la Señora de Anboto y dicen que ésta tenía junto a sí un ternero, tumbado, y que ella estaba hilando; dijo el arrendatario:

- Aquí estoy.
-¿Qué me traes? -le contestó.
- Vengo a consultar - le dijo -: Fulano, ese de Olarte, - sería un señor importante, el dueño - ha construido una ferrería y no puede hacer andar la rueda y alguien le ha dicho que consulte con la Señora de Anboto.
Ésta le contestó:
- Si  queréis mover esa rueda, id a donde Fulano, Superior de tal convento, y él os dirá lo que tenéis que hacer. Porque esa rueda está sin bendecir - ¿acaso no se bendicen las fábricas y los automóviles y los barcos? -  y la rueda no puede moverse porque un demonio la tiene retenida.

Y le dio a beber un vaso lleno de sidra.
Según una antigua creencia, en los pozos de los manantiales había serpientes peludas y a uno que bebió agua, con pelos y todo, se le formó luego una serpiente dentro y de allí vino luego la costumbre de decir “Jesús” en el momento de beber. Porque, si se dice “Jesús”, no se forma la serpiente.
Puede ser que sea verdad, ¿no? ...Se cuentan cosas así y ...
El otro bebió la sidra y, como tenía costumbre de decir “Jesús ”, lo hizo y dejó el vaso.
La Señora le dijo:

- Llévate el  vaso, porque , si antes ya me hacía sufrir, ahora mucho más, al decir tú “Jesús” y bendecirlo.

Fueron a donde el Superior del convento y éste vino, se puso la estola, se revistió con sus ropas y comenzó a echar la bendición.
Y con un terrible ¡ tu-rru-mu-tu !, aquella enorme rueda de madera comenzó a dar vueltas.
Todos estaban aterrados y el Superior les decía:  ¡ no os  asustéis, no os asustéis, no os asustéis ... !
Dicen que, con un último estruendo, el demonio se marchó de allí y el Superior les dijo:

-¿Ya veis? Si la hubierais bendecido antes, en el momento de comenzar a trabajar, se habría movido bien. Pero, bueno, ahora ya podéis seguir, porque lo que la paralizaba antes era el demonio.

Puede ser que esas cosas sean verdad, ¿no? Mira, los que no quieran creerlo, allí tienen, en Olarte, los restos de la antigua ferrería, las piedras: que busquen su significado.

(Ibídem,  “Anbotoko Señorea Supelegorren”,
25.5,  pp. 210-221. El relato 22.1, Anbotoko
Señorea eta abadegaia, p. 211, ilumina el pasaje
del vaso: éste era de oro)
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